En la fiesta de Marina L. Riudoms

REDACCIÓN: Claudia Laborda

FOTOGRAFÍA: Cedida por Riudoms

FECHA: 18.IX.2019

“Hay un hueco en las obras de ficción que tratan la amistad femenina.”

Conocí a Marina gracias a Instagram, que nos situaba en un mismo país, Suecia, y nuestro amor por los libros y la escritura. En aquel tiempo, Marina escribía relatos, comía kanelbulle —clásico bollo escandinavo— y aprendía sueco. 

Poco antes de volver definitivamente a Barcelona, Marina decidió transformar un viejo relato en lo que se convertiría en su primera novela. Había una fiesta habla de la adolescencia y la amistad entre mujeres en un escenario que nada tiene de festivo. Una historia austera y emocional al mismo tiempo sobre las estructuras patriarcales que están tan incrustadas en nuestra vida que sus devastadores efectos son imposibles de identificar. 

Tuve la oportunidad de entrevistar a Marina poco después del lanzamiento de la novela el pasado mes de mayo. Aquí puedes conocer un poco más sobre el porqué de esta fiesta. 

Había una fiesta fue primero de todo un relato. ¿Por qué lo transformaste en una novela? ¿Qué crees que ha cambiado?

La estructura de esta novela corta sigue siendo la misma de la del relato. Lo que cambió durante la transformación, que dobló la cantidad de páginas, fue el desarrollo psicológico de sus protagonistas y de algún personaje secundario. Estos dejaron de limitarse a seguir unos hechos argumentales para reflexionar un poco más sobre sí mismos. También se añadió todo un artificio formal más propio de la novela que del relato.

Tu historia tiene cuatro voces de mujeres distintas, mujeres que son amigas. ¿Por qué crees que es importante hablar de la amistad entre mujeres?

Opino que hay un hueco en las obras de ficción que tratan la amistad femenina. Existen muchas sobre grupos de amigos hombres, que solo han transmitido el concepto erróneo de que los valores universales de la amistad, como la camaradería, la solidaridad, el compañerismo, el apoyo o la incondicionalidad, son exclusivamente masculinos. En cambio, en los relatos sobre amistad entre mujeres, que no abundan tanto y se encuentran mayoritariamente en la literatura comercial, se tiende a representar un dúo que termina en conflicto por el amor romántico o por diferentes posturas vitales. 

No solo me resulta agridulce que eche raíces la idea de que la rivalidad entre mujeres es estructural, sino que no puede estar más alejada de lo que yo observo a mi alrededor. Yo misma tengo un grupo de amigas —a quienes va dedicado este libro— con caracteres dispares, pero permanecemos unidas veinte años después. 

En la novela y en la vida real la amistad siempre es una redención, una anestesia, a realidades más opresivas, y por esto me parece importante representarla.

Tu novela es una narración de la posadolescencia, y pese a situar la historia en un entorno festivo, sentimos la soledad y el aislamiento de los personajes. Cada uno está en su fiesta.

Si la amistad es tan importante es por el sentimiento de aislamiento que podamos sentir. Creo que en la época actual la juventud milenial o neoliberal estamos atrapados entre la autoexigencia de consumir las mil y una películas, discos, emociones o experiencias antes de morir y el narcicismo, por lo que ese aislamiento aún es más exagerado. El hecho de que mis personajes viajen a una isla no es fortuito; que la fiesta allí no sea la solución, tampoco.

El lenguaje tiene un papel importante en la novela; las chicas tienen dificultades para entenderse con los chicos, ya que no hablan el mismo idioma. ¿Es otra forma de mostrar ese aislamiento y soledad, o de mostrar las diferencias entre hombres y mujeres?

Solo muestro un tipo de masculinidad en Había una fiesta. El androcentrismo de mis personajes varones está condenado a hablar siempre un lenguaje distinto. Si existe una llamada “batalla de sexos”, es solo entre los que imponen y no dialogan otros puntos de vista.

Hay escenas de enorme crudeza donde los personajes son forzados a meterse un tubo en la boca y beber, pero lo que vive el personaje es completamente distinto de cómo se observa desde fuera, donde no se le da ninguna importancia. 

En el primer párrafo del libro escribo: «Resulta inquietante el modo en que asimilamos algo molesto como normal mediante su insistencia». Como dices, en el libro muestro distintos casos de crudeza y abuso de las libertades de la mujer: abuso psicológico, contra su independencia o consentimiento y en modo de micromachismos. Todos ellos están sistemáticamente normalizados en la época actual. Consideré importante exponerlos y dejar que el juicio moral y sobre su importancia quedara a manos del lector. Quienes tenemos que aprender a detectarlos y verlos como actos de barbarie somos nosotros, y así dejar de asimilarlos como normales.

Las amigas no hablan de lo ocurrido y el narrador ocupa esa misma posición hasta un punto de la historia donde rompes la narración. ¿Cómo surgió esa idea?

Era el único modo posible para dar un bofetón al estándar social y moral que tematiza con pelos y señales cualquier situación traumática. Desde el periodismo o la opinión pública parece que nos sigue interesando más el debate a favor o en contra de cómo se comportan, actúan, piensan y visten los abusadores y las víctimas antes, durante y después de un acto de crueldad. Reflexioné sobre cómo abordar el tema y me decidí por mostrar que eso es una trampa. La novela también debía serlo y lo es: uso el ritmo acelerado del thriller —generando expectativas al lector de querer saber exactamente qué, cómo y por qué sucede— para luego cargármelo.

Por lo tanto, romper el tipo de narración era el modo de hacer evidente que esas preguntas no son importantes y que es necesario un cambio de mentalidad. Ni esto es un thriller, ni tampoco una novela de abuso. Al contrario, es una novela emocional sobre el después y sobre las consecuencias, sobre el caos en el que se sume el individuo después de un trauma. 

Asimismo, también quise que la forma revirtiera sobre el contenido. Es decir, si los personajes están perdidos, la narración empieza a ser inconexa; o, si ellas están sumidas en el desconcierto, la narración empieza a saltar temporalmente. Como decía, la forma me ayuda a demandar un cambio de mentalidad, pero también me ayuda a descolocar al lector tanto como la distorsionada psique del personaje principal. 

Narras el proceso traumático no en un sentido trágico, sino más bien austero, frío y crudo. ¿Tenías claro desde el principio que querías narrarlo así? ¿Por qué?

Sí. Adoro el cine giallo y de terror, donde se tematizan situaciones muy duras. Sin embargo, muchas veces, algo en el desarrollo de esos géneros termina gustándose a sí mismo en lo que problematiza, dejando un efecto casi pornográfico y un disfrute por la angustia. La austeridad y la frialdad narrativas me parecieron más coherentes con el tipo de relato que quería contar porque no invitan a que la crudeza sea algo con lo que empatizar.

La herida del personaje de Paula, que parece inofensiva en un principio pero va tomando su cuerpo poco a poco y en silencio, me parece una imagen muy poderosa sobre el patriarcado. ¿Es así?

Sí. Paula es el personaje femenino más patriarcal, si no contamos a la esposa del conductor que las piropea en la carretera. Paula acuna el romanticismo y la perpetuación de la tradición. Su herida es simbólica.

El trauma genera un conflicto interno en la protagonista: una lucha entre no dar importancia a lo ocurrido por su propia supervivencia y el hecho de no olvidarlo y reescribirlo de forma continua, distorsionando los hechos, cosa que la hace sentirse culpable. Las otras amigas responden de formas distintas. ¿Querías mostrar las distintas formas cómo las mujeres responden ante sucesos como el narrado en tu novela? 

Exacto. María es la mujer sumida en el caos emocional en toda su magnitud. Se deja llevar en cada momento por la ira, la alegría, el miedo o la tristeza. Independientemente de que eso se haya relacionado históricamente con la histeria, es la reacción primera a una situación de coacción masculina. Los otros personajes completan a María, presentan otros puntos de vista que, a su vez, también podrían representar la diversidad de posturas dentro del feminismo.

La música está muy presente en los personajes, sobre todo en la protagonista. Además, cada capítulo tiene el título de una canción. En otro relato que leí tuyo, Maránske Lazne,recuerdo que la música también estaba muy presente. 

Me gusta muchísimo la música. No puedo evitar que aparezca en todas partes, y especialmente en Había una fiesta, donde tiene un papel primordial y no anecdótico. Por un lado, porque, con la tracklist, estructura los capítulos con títulos que apelan a su propio contenido. Por otro lado, porque muestra un cambio generacional en que los miléniales han superado la costumbre de escudarse en un canon, ya sea dictado por la industria o por una tradición que encumbra lo underground y lo obscuro, para abrazar finalmente la idea de que lo importante es lo que la música suscita en uno. La diversificación es la cara amable del narcicismo o la subjetividad. Y por último, la música se considera la más emocional de las artes, ya que su abstracción se incrusta en el estado de ánimo sin necesidad de narración o de imágenes. Aquí se habla de emociones, concretamente de aquellas que suscitan el trauma y la amistad.

Tu novela se ha catalogado dentro de la narrativa milenial. ¿Estás de acuerdo? ¿Qué significa eso para ti? 

Totalmente. Cada autor es fruto de una época, y a mí me ha tocado esta. No vincularme a ella me parecería impropio. No tiene un significado especial, pero me gusta descubrir patrones comunes dentro de mi generación y hablar sobre ellos. Aparecen algunos en la novela: la necesidad de consumir experiencias constantemente, la frustración frente al futuro, el auge del feminismo…

¿Estás escribiendo algo nuevo? ¿Puedes contarnos algo?

Mi primera novela tenía que ser otra. Sin embargo, como no me creía capaz de terminar un texto extenso, empecé a escribir relatos, y entre ellos Había una fiesta, que ha terminado siendo mi debut como novelista. Me alegro de que así sea, porque me ha dado el empuje suficiente para continuar trabajando en esa novela inicial, que trata sobre el mundo cultural y la confrontación de los distintos modos en los que actualmente nos consideramos exitosos dentro del mismo.

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